jueves, 10 de diciembre de 2009

RUTA MODERNISTA POR BARCELONA

La Barcelona de finales del siglo XIX, la de la Exposición Universal de 1888, era una ciudad en efervescencia en la que la arquitectura vivía un momento notable.
La arquitectura se convirtió en aquellos años en un signo de estatus social de la próspera burguesía de la época. Tener una casa modernista significaba figurar, estar al día en los círculos sociales.
Para colmar las expectativas y vanidades de sus clientes, los arquitectos utilizaron en su obra todo su repertorio de recursos: ornamentos florales, riqueza escultórica y trabajo del hierro forjado, formas onduladas, vidrieras policromas, esgrafiados, detalles cerámicos, etc.
-La Casa Estapé: Obra de Bernardí Martorell i Rius (1907), es reconocible por su curiosa cúpula, obra de Jaume Bernades. Dirección: Paseo de Sant Joan, 6.
-La Hidroeléctrica: Es una construcción modernista de la antigua Central Catalana de Electricidad, obra de Pere Falqués i Urpí (1896-1899), que puede ser visitada algunos días en horas de oficina. Dirección: Avenida de Vilanova, 12.
-Castell dels Tres Dragons: El edificio es la sede del museo de zoología. Dirección: Paseo de Picasso, s/n. Parque de la Ciutadella. Horario: De martes a domingo, de 10 a 14.30 h. Jueves de 10 a 18:30 horas.
-Invernadero: Una obra de Josep Amargós i Samaranch (1883-1887) que actualmente acoge todo tipo de actos sociales. Dirección: Paseo de Picasso, s/n. Parque de la Ciutadella.
-Las Farolas de la Plaza Real: Las diseñó Antoni Gaudí en 1878. Ambas farolas están rematadas con los atributos del dios Hermes, el patrón divino de los comerciantes: un caduceo (dos serpientes enroscadas en una vara) y un casco alado. Dirección Plaza Real, s/n.
-El Palacio Güell: Fue la primera obra (1885-1889) que Antoni Gaudí regalaría a la ciudad de Barcelona y que ha sido declarado Bien del Patrimonio Mundial por la UNESCO. Gaudí tenía sólo 34 años cuando recibió el encargo de construir la residencia privada de la familia Güell. Y curiosamente no fue en el Eixample, que ya se encontraba en plena expansión, sino en el Raval, una zona que a finales del siglo XIX ya estaba muy degradada y en la que abundaban la prostitución y las salas de alterne.
Quizás no parezca muy lógico que Eusebi Güell, con siete hijos, se fuera a vivir a esa calle, pero tuvo un motivo para hacerlo; su padre, Joan Güell, vivía en la Rambla, y Eusebi compró el solar del Palau Güell para estar cerca de él.
El aristocrático mecenas de Gaudí dio libertad presupuestaria al arquitecto para construir un original y suntuoso palacete que pudiera acoger reuniones políticas y conciertos de cámara y alojar a los más ilustres invitados de la familia. Dicho y hecho. Gaudí utilizó los mejores materiales del momento y el coste de la construcción se disparó enormemente. El resultado final fue una auténtica obra maestra del gaudinismo más oscuro.
Lejos de satisfacer la idea burguesa de confort (ya que se trata de una casa de gran altura que no contaba con calefacción, por lo cual debía resultar muy poco confortable en invierno), el Palau Güell de Gaudí es un espacio insólito en el que prima el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes bajo la luz.
La fachada del Palau Güell, de líneas sugestivamente venecianas, está construida con una piedra de aspecto severo en la que destaca sobremanera el diseño de hierro forjado que cubre los tímpanos de los dos arcos parabólicos de entrada y salida y que da forma al majestuoso escudo con las cuatro barras catalanas, concebido como una pequeña columnata, que preside la fachada.
La primera dependencia del palacio es el vestíbulo, de veinte metros de altura, que confiere al conjunto un aire de transparencia y articula los diferentes espacios en que se divide esta maravillosa obra primeriza de Gaudí. Todo el edificio está organizado alrededor de este vestíbulo central.
Una escalera noble conduce a la auténtica joya de la corona del Palau Güell: su sorprendente, misterioso y telúrico salón central de siete pisos de altura coronado por una cúpula parabólica en forma de cono.
La cúpula, perforada por una serie de pequeñas aberturas en forma de círculo que filtran una tenue luz indirecta, confiere al salón una curiosa apariencia que para unos recuerda a un planetario bajo la luz del día, y para otros, la sala central de un hammam árabe.
Esta azotea presume de las veinte chimeneas ideadas por Gaudí y restauradas entre 1988 y 1992 por un grupo de artistas que reconstruyó las ocho más dañadas respetando escrupulosamente el trabajo original de Gaudí.
En una de estas nuevas chimeneas, con un poco de paciencia, se puede localizar, entre el trencadís, un Cobi, la mascota olímpica de Barcelona 92. Las chimeneas gaudinianas, todas ellas únicas y diferentes como si se tratara de distintos bocetos de un modelo idealizado, recuerdan, con un poco de imaginación, a un grupo de árboles y representan probablemente uno de los primeros esbozos del proyecto que Gaudí culminaría años después en la azotea de la Pedrera.
En esta obra, por ejemplo, Gaudí usó por primera vez el trencadís, un revestimiento elaborado con fragmentos irregulares de cerámica, técnica de origen árabe que el arquitecto de Reus y el Modernismo adoptaron posteriormente como uno de sus principales signos de identidad.
Si se mira con atención cada una de las chimeneas, se acabará por descubrir que en una de ellas, probablemente en la última construida por Gaudí y de color blanco en su totalidad, aparece el pequeño sello verde de un fabricante de cerámica de Limoges.
Cuenta la leyenda que Eusebi Güell poseía una fantástica vajilla de Limoges de la que se había cansado y que entregó al arquitecto para que la utilizara en el revestimiento de la última de las chimeneas del palacio.
En el otro extremo del palacio, en el sótano, se encuentran las caballerizas, de bóvedas muy rebajadas apoyadas en sencillas columnas fungiformes, concebida para acoger las cuadras y las habitaciones de los palafreneros de palacio.
Las columnas y sus capiteles de ladrillo son uno de los paisajes más enigmáticos, sugerentes y conocidos de la arquitectura gaudiniana.
La familia Güell vivió en este palacio hasta la Guerra Civil, cuando fue confiscado por la CNT-FAI, que lo convirtió en cuartel y prisión. Los Güell no volvieron nunca.
El abandono y el deterioro generalizado de esta zona de la ciudad llevaron a los herederos del conde Güell a ceder, en 1945, el palacio a la Diputación de Barcelona, su actual propietaria. Dirección: Nou de la Rambla, 3-5.
-Camisería Bonet: Comercio de larga tradición, con decoración modernista en la fachada. Fundada en 1890, y que en el año 2002 cambió de propietario y de actividad, centrándose en la actualidad en objetos de recuerdo de Barcelona. Dirección: Rambla, 72.
-Hotel España: Uno de sus establecimientos con más tradición en la historia hotelera de Barcelona.
El interés arquitectónico de este hotel, que en su día albergó al héroe nacional filipino José Rizal, se centra en sus salones, decorados en 1902-1903 por uno de los padres del Modernismo, Lluís Domènech i Montaner.
En el Hotel España, Domènech i Montaner contó con la colaboración de dos grandes maestros de las artes plásticas de la época: el escultor Eusebi Arnau y el pintor Ramón Casas.
Eusebi Arnau es el autor de la espléndida chimenea de alabastro de uno de los comedores, visible desde la calle, y Ramón Casas es el responsable de los esgrafiados marinos del comedor interior, en el que también destaca una claraboya artesonada que filtra una luz muy difusa que realza el efecto de los esgrafiados de Casas. Domènech i Montaner remató el conjunto con dos ingeniosos arrimaderos de madera.
Uno de ellos, de esmerado diseño, está decorado con unos medallones de cerámica azulada que representan las provincias españolas, mientras que el segundo, de tipo romano, se centra en temas florales. Dirección: Sant Pau, 9-11.
-Hotel Peninsular: A escasos metros del Hotel España se encuentra otro establecimiento hotelero con reminiscencias modernistas.
El principal interés de este edificio, un antiguo colegio de monjas, reside en su patio con galerías y en la claraboya, que resalta los colores verde y crema de sus muros. Dirección: Sant Pau, 36.
-Casa Doctor Genové:
Obra de Enric Sagnier i Villavecchia (1911), albergó una farmacia y su laboratorio hasta 1974 (actualmente alberga un bar de tapas vasco). Sagnier diseñó un edificio con cierto aire gótico en el que destacan el gran ventanal central, los mosaicos azulados y el arco apuntado de la entrada, con un magnífico relieve de Esculapio que recuerda el destino original del inmueble. Dirección: Rambla, 77.
-Antigua Casa Figueras: Actualmente Pastelería Escribà, de recargada decoración modernista, obra de Antoni Ros i Güell (1902), en la que abundan los mosaicos, los estucados de yeso, los hierros forjados, las vidrieras y el mobiliario de madera de color chocolate. Dirección: Rambla, 83.
-Mercado de la Boqueria: Más o menos en el mismo lugar que ocupa el actual mercado, se instalaba desde la época medieval un mercado al aire libre en el que los agricultores de lo que hoy es el Raval vendían sus productos a los habitantes de la ciudad amurallada.
El actual mercado, famoso por la calidad de sus mercancías, está ubicado en el antiguo solar del convento de los Carmelites Descalzos de Sant Josep, incendiado en julio de 1835.
El mercado se erigió cinco años después, en 1840, como una gran plaza porticada con columnas jónicas en la que los diferentes mercaderes ambulantes de la ciudad podían ofrecer sus productos. En 1914 se instaló la vistosa cubierta metálica diseñada por el ingeniero Miquel de Bergue, que le confiere su imagen característica.
El mercado y sus alrededores han sido restaurados en los últimos años con el objetivo de devolverles el aspecto que tenían a principios del siglo XX. La Boqueria preside el tramo central de la Rambla, quizás el más colorista y exuberante, denominado Rambla de les Flors por los puestos en los que se venden flores durante todo el año desde el día del Corpus de 1853. Dirección: Rambla, 91.
-El Indio: Decorados en 1922 por Vilaró i Valls, según el más puro estilo modernista. La tienda está especializada en telas, cortinas, manteles y ropa de cama a precios asequibles. Dirección: Carme, 24.
-Real Academia de Ciencias y Artes: Construida en 1883 por Josep Domènech i Estapà sobre las ruinas de un antiguo colegio jesuita.
El edificio, pionero en el uso de recursos ornamentales y estilísticos que tanto éxito cosecharían años más tarde con el Modernismo, alberga actualmente, aparte de la academia, el Teatro Poliorama y el Restaurante Viena, antigua Casa Mumbrú, y tiene su principal signo de identidad en el reloj que preside la fachada y del que popularmente se dice que marca la hora oficial de Barcelona.
Otros elementos de interés de la fachada son la elegante tribuna, el cimborio y la torre con cúpula que coronan el edificio y que originalmente era un observatorio meteorológico y astronómico. Dirección: Rambla, 115.
-Casa Elena Castellano: Un edificio de 1907 de Jaume Torres i Grau en el que destacan las dos tribunas superpuestas y la ornamentación floral de la fachada, típicamente modernista. Dirección: Santa Anna, 21.
-Palau Savassona: Alberga el Ateneu Barcelonés, una de las entidades culturales más emblemáticas de la ciudad. Algunos aspectos de la reforma de 1906, de los arquitectos Josep M. Jujol i Gibert y Josep Font i Gumà, todavía se conservan.
Hay que destacar tres pequeñas joyas modernistas: la cabina del ascensor, uno de los primeros que se instalaron en la ciudad; las salas de lectura de la biblioteca; y el jardín suspendido, de reminiscencias románticas. Dirección: Canuda, 6.
-Museo del gas de Catalana de Gas: Una monumental y ecléctica obra de Josep Domènech i Estapà (1895). El edificio, construido por encargo de la Sociedad Catalana para el Alumbrado del Gas, alberga un interesante Museo del Gas en el que se exhiben diferentes aparatos que muestran la evolución experimentada por el uso de esta fuente de energía. Dirección: Portal de l’Àngel, 20-22. Tel: 900 150 366. Horario: Visitas concertadas.
-Palau de la Música Catalana: El Palau de la Música es un encargo que el Orfeó Català realizó en 1904 a Lluís Domènech i Montaner. La primera piedra del nuevo edificio se colocó el día de Sant Jordi de 1905 y las obras se prolongaron durante tres años.
El resultado fue una suntuosa sala de conciertos que estaba llamada a ser el hogar de la música coral catalana. El edificio se erige sobre el solar del antiguo convento de Sant Francesc de Paula.
La reducida superficie del solar y el alto precio de los terrenos colindantes en la época obligaron a Domènech i Montaner a encajar el auditorio en una cuadrícula de calles estrechas que limitan su contemplación global desde el exterior y a ingeniárselas para que la caja del escenario tuviera la amplitud necesaria y para que el edificio pudiera albergar las oficinas y los archivos del Orfeó.
El Palau de la Música, junto con la Pedrera, es considerado uno de los ejemplos supremos del Modernismo catalán por su arquitectura brillante, atrevida y suntuosamente decorada, y hace gala con orgullo del título de Patrimonio Mundial de la UNESCO.
La fachada proyectada por Domènech i Montaner sorprendió a los barceloneses: de obra vista, de bella policromía gracias a la utilización de revestimientos de mosaico cerámico, está presidida, en la esquina, por un espectacular grupo escultórico de Miquel Blay, una enorme proa de piedra que representa una alegoría de la música popular. Es una obra de un gran simbolismo conceptual con dos muchachos y dos ancianos abrazando a una ninfa mientras san Jorge (Sant Jordi) los protege con la bandera catalana ondeando al viento.
La fachada también cuenta con un mosaico que representa "La balanguera" del poema de Joan Alcover -que en la actualidad es el himno de Mallorca-, rodeada de los cantantes del Orfeó Català.
Otro punto de interés del exterior del Palau son las curiosas taquillas, hoy en desuso, ubicadas en el interior de las columnas que flanquean la puerta principal. Las riquezas continúan en el interior: el recargado vestíbulo, las bóvedas revestidas de azulejos y la escalera doble con balaustres de vidrio dorado constituyen un aperitivo de la auténtica joya del edificio.
En el interior, la sala de conciertos es una embriagadora sucesión de esculturas, vidrieras policromadas, mosaicos y elementos decorativos que juegan, constantemente, con la percepción de la luz y el color.
La imagen más famosa de la sala es la enorme y espectacular claraboya de vidrio coloreado con forma de campana invertida, de una tonelada de peso. Esta maravilla del arte suntuario representa un coro de ángeles femeninos rodeando al sol.
La obsesión por la luz de Domènech i Montaner no se limita a la claraboya: diseñó la sala con una liviana estructura de acero creando una especie de caja de cristal que filtra la luz exterior a través de unas vidrieras que recrean la atmósfera de las catedrales góticas y confieren cierto aire sacro al auditorio.
El escenario de la sala es, sin duda alguna, la escultura más espectacular del Palau. El proscenio acoge un curioso conjunto realizado en piedra pómez diseñado por Domènech i Montaner pero labrado por Dídac Massana y Pau Gargallo. A la izquierda, el conjunto cuenta con un busto de Josep Anselm Clavé y una alegoría de las flores de mayo, que representan la música popular. A la derecha, el busto de Beethoven personifica la música universal.
Por encima del busto de Beethoven, las valquirias de Wagner cabalgan hacia Clavé, simbolizando la relación de la nueva música con la antigua cultura musical popular catalana.
El escenario se completa con un espectacular órgano de factura alemana y el hemiciclo, diseñado por Eusebi Arnau y realizado en trencadís, en el que destacan las dieciocho esculturas que representan los espíritus de la música y un sorprendente escudo de Austria.
Una balconada y una columnata de influencia egipcia contribuyen, modestamente, a embellecer la perspectiva de la sala, verdadero santuario de la música, en la que han actuado intérpretes de la categoría de Rubinstein, Menuhin o Pau Casals. En la sala también destacan los motivos florales, que presiden todos los elementos ornamentales, tanto en el techo como en las vidrieras, y las lámparas de aire medieval, más propias de un castillo que de una sala de conciertos.
Otros espacios del edificio dignos de atención son la sala de música de cámara, en la que todavía se puede contemplar la primera piedra del edificio, y la sala de descanso Lluís Millet, quizás la estancia que se conserva más fiel al proyecto original de Domènech i Montaner. Dirección: Palau de la Música, 4-6. Horario visitas guiadas: Todos los días de 10 a 15:30 horas. Entrada: 12€.
-Casa Pascual i Pons: La obra más gótica de Enric Sagnier i Villavecchia, uno de los arquitectos más prolíficos del Modernismo barcelonés.
El principal interés del edificio está en su interior: unas vidrieras emplomadas que representan unos personajes medievales, visibles desde el exterior, la escalera con ornamentos escultóricos y lámparas de hierro y cristal, y una noble chimenea de madera. Dirección: Paseo de Grácia, 2-4.
-Casa Llorenç Camprubí: Obra de Adolf Ruiz i Casamitjana (1901). Con una extraordinaria tribuna que ocupa el principal y el primer piso de la finca, la Casa Camprubí es un buen ejemplo de la obra de Ruiz de finales de siglo, una época en la que este arquitecto realizó una interpretación muy personal de un amplio repertorio de formas y elementos neogóticos. Dirección: Caspe, 22.
-Casa Calvet: Obra de Antoni Gaudí. El arquitecto inició su primer edificio de viviendas en 1898, en pleno Eixample y según una línea que fue ampliamente seguida por autores de otras casas con profusión de elementos barrocos o rococós, como las formas onduladas y el peculiar tratamiento de la irregular superficie de piedra arenisca de Montjuïc, los balcones o las tribunas.
En la Casa Calvet, Gaudí dio un tratamiento diferenciado a cada uno de los elementos que conforman el edificio. La fachada está presidida por una tribuna barroca con barandillas de hierro forjado y relieves que representan diferentes tipos de setas en homenaje a la afición a la micología de Eduard Calvet, el primer propietario del inmueble. La decoración de la tribuna incluye un escudo de Cataluña y un ciprés, símbolo de hospitalidad. También merece la pena fijarse en el vestíbulo de la entrada y en el de los bajos, actualmente transformados en el restaurante Casa Calvet.
En el interior del restaurante se conserva el mobiliario del despacho original del negocio textil de los Calvet. Entre otras piezas destacan las lámparas, los bancos del recibidor y los bancos de cortesía adosados al muro, las mamparas de madera que separaban los diferentes despachos, los picaportes y las vigas del techo. Dirección Caspe, 48.
-Casas Rocamora: Este edificio es, junto con la Casa de les Punxes, de Puig i Cadafalch, uno de los conjuntos arquitectónicos de mayores dimensiones de todo el Eixample. Contrariamente a lo habitual en la época, su solar no se dividió en diferentes inmuebles, sino que se construyó un único volumen arquitectónico para enfatizar la magnificencia del edificio. La obra, de marcado estilo neogótico, fue firmada en 1914 por los hermanos Bassegoda (Joaquim y Bonaventura), que dedicaron una especial atención al tratamiento de la piedra de la fachada y al singular conjunto de tribunas de la esquina con la calle Casp. Dirección: Paseo de Grácia, 6-14.
-Casa Gerónimo Granell: Del arquitecto Gerónimo F. Granell i Barrera, edificio que fue totalmente restaurado en el año 2004 resaltando los elementos modernistas originales de 1902, entre los que destaca la tribuna que rompe de forma deliciosa la simetría de la fachada. Dirección: Gran Via de les Corts Catalanes, 582.
-Casa Fajol: De Josep Graner i Prat (1912), conocida popularmente como la casa de la mariposa por el remate de trencadís que representa una mariposa de descomunales líneas curvas que, sin duda, distingue al edificio. Dirección: Llançà, 20.
-Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC): Fue el edificio principal de la Exposición Internacional de 1929. Este edificio, que se inscribe en el llamado "monumentalismo ecléctico", fue construido entre 1927 y 1929 según el proyecto de Eugeni P. Cendoya y Enric Catà, con la colaboración de Pere Domènech i Roura. Actualmente es la sede del Museo Nacional de Arte de Cataluña. El fondo del MNAC reúne una impresionante muestra de mil años de arte en Cataluña: pintura, escultura, artes decorativas, dibujos y grabados, fotografía, numismática y medallística. Naturalmente incluye una panorámica del arte catalán desde mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Esta colección modernista, una de las más representativa de este movimiento, convierte al MNAC en el museo barcelonés del Modernismo por excelencia, ya que conserva y muestra lo más destacado de su producción de artes visuales en toda su diversidad: pintura, escultura y artes decorativas. Aquí se encuentra, por ejemplo, el original de la obra Ramon Casas y Pere Romeu en un tándem (1897), del pintor Ramon Casas, que decoraba Els Quatre Gats.
El rico conjunto de artes decorativas del museo nos permite conocer la decoración interior de las plantas nobles de algunas de las casas más emblemáticas de la arquitectura modernista, como las que conforman la famosa Mansana de la Discòrdia del paseo de Gràcia.
Asimismo, este museo muestra diversos elementos del mobiliario de la Casa Amatller, como un banco, una vitrina y una lámpara de techo, obra del propio Josep Puig i Cadafalch.
De la Casa Batlló, se exhiben diversos diseños de Antoni Gaudí, como una puerta corredera, una silla y un sofá muy característico de su estilo.
El arquitecto Lluís Domènech i Montaner encargó la decoración interior de la Casa Lleó Morera al mueblista mallorquín Gaspar Homar (1870-1953), uno de los máximos creadores del Modernismo. De la Casa Lleó Morera, el museo conserva la práctica totalidad de la sala de estar y otros elementos del resto de la vivienda, como un sofá con vitrinas laterales y un panel de marquetería. Para completar la visión del arte modernista en Cataluña, el visitante no puede obviar la escultura, con autores como Josep Llimona, Eusebi Arnau y Miquel Blay.
También merece la pena conocer las obras de otros artistas y movimientos anteriores (Marià Fortuny y los discípulos de la Escuela de Roma) y posteriores al Modernismo. La segunda generación de autores modernistas, como Joaquim Mir o los autores del período noucentista, Joaquim Sunyer, Joaquim Torres García o Manolo Hugué, entre otros, y la escultura de vanguardia de Gargallo y Juli González son especialmente interesantes. Dirección: Palau Nacional, Montjuïc. Horario: De martes a sábado, de 10h a 19h, domingos y festivos, de 10h a 14:30 horas. Entrada: 8,5€. Gratis el 1er domingo de mes.
-Caixa Forum (Antigua Fábrica Casaramona): El industrial Casimir Casaramona decidió instalar su fábrica textil en la montaña de Montjuïc y encargó el proyecto a Josep Puig i Cadafalch (1910-1913).
El resultado fue un conjunto típico de arquitectura industrial modernista en el que no faltaban ni las bóvedas catalanas ni la decoración con cerámica o piedra artificial. Ahora bien, Puig i Cadafalch dotó al conjunto de su característico aroma neogótico y de detalles de auténtica personalidad, como por ejemplo los pináculos y las torres de planta cuadrada.
La fábrica, el mayor edificio construido por Puig i Cadafalch, cayó en desuso con el paso de los años y, en 1940, se transformó en las caballerizas de la Policía Nacional.
En 1998 se iniciaron las obras de rehabilitación para convertir la antigua fábrica en CaixaForum, la nueva sede social y cultural de la Fundación "la Caixa": un centro dinámico y polivalente en el que se llevan a cabo exposiciones, talleres, conferencias, cursos y conciertos, y que ofrece visitas guiadas tanto a las exposiciones como al edificio modernista, entre otras muchas actividades. Dirección: Marquès de Comillas, 6. Horario: De martes a domingo y festivos de 10 a 20 horas.
-Mercado de Hostafrancs: Realizado en 1888 por Antoni Rovira i Trías, el mismo ingeniero del Mercado de Sant Antoni, con el que comparte su típica y bella estructura de hierro. Dirección: Creu Coberta, 93.
-Casa Malagrida: Obra de Joaquim Codina i Matalí, realizada entre 1905 y 1908. Tiene una apariencia exterior de palacete urbano que huye de la tipología habitual de la casa de vecinos del Eixample. Pese a tener este aspecto, el edificio estuvo destinado desde su origen a ser una vivienda plurifamiliar. Lo más destacado del inmueble es su espectacular coronación en forma de cúpula y los faroles de hierro forjado de un vestíbulo en el que también merece la pena contemplar los elegantes frescos y artesonados del techo. Dirección: Paseo de Grácia, 27.
-Casa Pomar: Una original obra de Rubió i Bellvé (1906) que posee una fachada que le da un aspecto de iglesia. No se pierdan la puerta principal presidida por una quilla de barco de cerámica verde. Dirección: Girona, 86.
-Casa Lleó Morera: Lluís Domènech i Montaner se hizo cargo, en 1905, de la reforma de esta casa, construida en 1864 por la Sociedad Fomento del Ensanche, con el objetivo de mejorarla y decorarla para sus nuevos propietarios, la familia Lleó Morera.
El más renacentista de los arquitectos de la Barcelona modernista logró conjugar en la Casa Lleó Morera el esfuerzo creador de un número considerable de artistas y artesanos que, trabajando en estrecha colaboración, consiguieron una sorprendente, casi milagrosa, unidad final, al más puro estilo floral de Domènech i Montaner.
Así, la Casa Lleó Morera presenta, desde el vestíbulo y pasando por la escalera, el ascensor y la planta principal, uno de los conjuntos más ricos y mejor conservados de las artes aplicadas del Modernismo: mosaicos, vidrieras, marqueterías, pavimentos, esculturas...
En el piso principal, precisamente, hay uno de los grandes tesoros del Modernismo barcelonés: una monumental vidriera de la empresa de Antoni Rigalt (Rigalt, Granell y Cia.) que ocupa el antiguo comedor principal de la casa y representa una bucólica escena rural. En la misma planta destacan ocho paneles y unos dinteles de cerámica con figuras de porcelana en relieve en los que el escultor Eusebi Arnau esculpió una canción de cuna, La dida de l'infant rei (La nodriza del niño rey).
De la fachada destacan también los trabajos del escultor Arnau, pero las figuras femeninas de los arcos de la planta baja fueron mutiladas en los años cuarenta junto con otros detalles ornamentales para permitir la instalación de las lunas de los escaparates de una tienda. Los bajos fueron parcialmente restaurados en 1992 a partir de fotografías y otros documentos.
En el MNAC se pueden contemplar elementos de interiorismo del piso principal, obra del ebanista Gaspar Homar. Entre muebles, lámparas y alfombras destaca un gigantesco sofá-armario de marquetería. Dirección: Paseo de Grácia, 35.
-Casa Amatller: La historia de este inmueble se remonta al año 1898, cuando el industrial chocolatero Antoni Amatller, aficionado al coleccionismo de vidrio antiguo y a la fotografía, quiso transformar un anodino edificio de 1875, que había comprado para trasladar allí su residencia principal.
El industrial encargó las obras al arquitecto Puig i Cadafalch, que apostó por darle la apariencia de palacio gótico urbano, con una fachada plana y un patio central con una escalera que diera acceso a la vivienda principal, pese a que el inmueble tenía que ser habitado por varias familias.
Puig i Cadafalch creó en la Casa Amatller una lectura muy personal del gótico, abriendo un camino que le permitió mantener la excelencia de su obra incluso en los momentos en que los elementos del lenguaje gótico eran abandonados por casi todos los arquitectos.
Lo primero que sorprende del edificio es la escalonada fachada de reminiscencias nórdicas, presidida por una membrana esgrafiada de estucos ocres y blancos y coronada por un exuberante frontón flamenco ornamentado con azulejos vitrificados rojos y dorados.
La fachada, considerada por algunos especialistas como "la apoteosis de las artes decorativas" y en la que algunos quieren ver influencias de los palacetes urbanos de Copenhague, Bruselas o Ámsterdam, posee una tribuna de inspiración wagneriana que evoca la fachada de la capilla de Sant Jordi del Palau de la Generalitat.
Puig i Cadafalch salpicó la casa con sus típicos detalles de inspiración medieval. Las puertas de acceso, por ejemplo, están decoradas con esculturas, capiteles y estucados, como la figura de piedra de san Jorge matando al dragón, obra de Eusebi Arnau. También en los bajos se encuentra una joyería que ha respetado las pequeñas ventanas originales de ornamentación floral, inspiradas en las de las masías góticas catalanas. En la planta noble, las figuras de las ventanas recrean las fantásticas y grotescas criaturas que poblaban palacios e iglesias góticas.
El vestíbulo está adornado con tres lámparas de bronce y una elegante escalera que conduce a la planta noble, en la que se encuentra el Instituto Amatller de Arte Hispánico, fundado por la familia Amatller: una entidad académica dedicada al estudio del arte español, hoy propietaria del edificio.
El piso principal es uno de los pocos de Barcelona que aún hoy conservan no sólo gran parte de su riqueza ornamental original, sino también la atmósfera dorada y opulenta de aquella burguesía del Eixample modernista gracias a las esculturas que se adaptan a los espacios, a los suelos de mosaicos de estilo romano y de mármol blanco, y a los techos, que presentan una rica combinación de vigas policromadas y estucos esgrafiados.
La chimenea es una de las piezas más notables, aunque muchos consideran que la obra maestra del piso es la columna de mármol rosado situada en medio de la tribuna y que se ve desde la calle, una columna desprovista de cualquier misión estructural y sólo concebida por puro hedonismo. Desgraciadamente, este piso no puede ser visitado. No obstante, en el MNAC se pueden contemplar diversos elementos del mobiliario original de esta casa. Dirección: Paseo de Grácia, 41.
-Casa Batlló: Josep Batlló era un magnate del sector textil catalán que abrió varias fábricas, como, por ejemplo, el antiguo Vapor Batlló de la calle Urgell, que en la actualidad alberga la Escuela Industrial. Cuando en 1904 Antoni Gaudí recibió el encargo de remodelar el edificio, de 1870, manifestó su intención de recrear el paraíso.
Reformó la casa de arriba abajo: añadió un quinto piso, construyó los sótanos, agrandó el vestíbulo, rehizo la escalera y los muros interiores de los pisos y alteró la forma de todas sus habitaciones con amplias curvas, de modo que no hay ningún ángulo recto en toda la casa.
El elemento más singular de la Casa Batlló es la fachada, que combina la piedra de las plantas baja y noble con el revestimiento de mosaico de las plantas superiores, y se corona con un tejado escamoso que recuerda el dorso de un reptil.
Las intenciones de Gaudí al realizar esta fachada han sido siempre objeto de elucubraciones. Para algunos, el objetivo de Gaudí fue edificar un himno simbólico de la leyenda de Sant Jordi, patrón de Cataluña, en su mitológica victoria sobre el dragón. El tejado sería el lomo del dragón, la torre semicircular simbolizaría la lanza del santo guerrero y los balcones de hierro de los pisos intermedios y la tribuna del primer piso representarían los cráneos, los huesos y los tendones de las víctimas del saurio -los restos de las comidas del dragón-. Pero otra versión de la historia sobre la fachada de la Casa Batlló es la que defiende que se trata de una alegoría de la fiesta del carnaval: la azotea sería un gorro de arlequín; los balcones, las máscaras de baile; las columnas, los huesos de los disfraces de la Muerte; y la cascada multicolor de cerámica de trencadís que "cae" por la pared de la fachada -obra de un joven Josep Maria Jujol- sería el confeti de la fiesta.
El patio de luces es una autentica maravilla de la arquitectura.
Gaudí, siempre obsesionado por la luminosidad, lo recubrió con un revestimiento irregular de cerámica azul que se va oscureciendo, pasando del gris perla al azul cobalto a medida que asciende hacia la claraboya. El resultado de esta casi subliminal argucia arquitectónica es una distribución equitativa de la luz de arriba abajo. Para completar el efecto, los balcones y las ventanas son más grandes en los pisos inferiores y se van haciendo más pequeños a medida que se asciende por el patio de luces.
La escalera que conduce al piso principal se retuerce como el esqueleto de un dinosaurio fosilizado, y el muro, sinuoso y pintado de forma que parece un mosaico, muestra unos reflejos y una superficie similares a las paredes de una cueva erosionada por el agua.
El piso principal goza de un excepcional estado de conservación. Los contrapesos que levantan las vidrieras y abren la tribuna de par en par al paseo de Gràcia todavía están en pleno funcionamiento, al igual que las rejillas que permiten graduar la entrada de aire del exterior creando un singular sistema de ventilación natural.
La planta noble, sin embargo, sólo conserva dos muebles diseñados por Gaudí para los Batlló: un aparador y un banco. En el MNAC, se conservan otras piezas diseñadas por Gaudí para esta casa. Dirección: Paseo de Grácia, 43. Horario: visitas diarias de 9 a 20 horas. Entrada: 16,50€.
-Fundación Antoni Tàpies (Editorial Montaner i Simón): Construido entre 1881 y 1886 por Domènech i Montaner, el edificio es considerado, al igual que la Casa Vicens de Gaudí, una de las obras pioneras de la renovación arquitectónica y urbana que supuso el movimiento modernista.
El edificio destaca por su poco académica fachada de aire ligeramente mudéjar, por su sistema de claraboyas (que le proporciona una luz cenital muy difusa) y por su curiosa estructura, en la que destacan las columnas de forja y las vigas de acero más características de los mercados y estaciones ferroviarias que de las sedes de empresas de finales del siglo XIX.
El edificio fue coronado en la década de los ochenta del siglo XIX por una obra escultórica del gran artista contemporáneo Antoni Tàpies, Núvol i cadira (nube y silla), que se ha convertido en el emblema de su fundación.
Esta institución acoge un museo donde se exhibe una amplia selección de la obra de este artista catalán, y además organiza exposiciones temporales, seminarios científicos, conferencias públicas y ciclos de cine. También podemos encontrar una biblioteca especializada en arte moderno y contemporáneo, así como el archivo Tapies, con la colección más completa de obras y otros documentos del maestro, además de colecciones de culturas asiáticas y precolombinas. Dirección: Aragón, 255. Entrada: 4,20€.
-Casa Fargas: Obra de Enric Sagnier (1902-1904).
El elemento original más destacable, una gran cúpula que coronaba el edificio, desapareció hace tiempo durante la realización de unas obras para añadir nuevas plantas y, en la actualidad, el principal interés de esta casa reside en las sobrias tribunas onduladas. Dirección: Rambla de Catalunya, 47.
-Fundación Francisco Godia sede de la Casa Garriga Nogués: .
En el que son dignas de atención las ménsulas de Eusebi Arnau que representan las edades del hombre y las vidrieras de la planta noble. Dirección: Diputació, 250. Entrada: 6,50€.
-Farmacia Bolós: Construida entre 1904 y 1910 por Josep Domènech i Estapà, que conserva casi todos sus elementos decorativos originales: una aristocrática y presuntuosa farola con el nombre de la tienda, una vidriera con el dibujo de un naranjo y un mobiliario que, como el resto de los ornamentos, presume de factura artesanal y de la firma de Antoni Falgue. Dirección: Rambla de Catalunya, 77.
-Casa Domènech i Estapà: La residencia que el arquitecto Josep Domènech i Estapà se construyó entre 1908 y 1909, que tiene una fachada de obra vista con una curiosa distribución asimétrica, con una gran tribuna en un lado, compensada en el otro por una línea de ventanas. Dirección: Valencia, 241.
-Casa Juncosa: De Salvador Viñals i Sabaté, construida entre 1907 y 1909 en un gran solar en la esquina con la calle València que destaca especialmente por la gran tribuna central y el vestíbulo de aire ligeramente modernista. Dirección: Rambla de Catalunya, 78.
-Casa Queraltó: Dirección: Un edificio de Josep Plantada y Artigas (1907), decorado con unos elegantes esgrafiados de color rosa y unos falsos arcos con columnas y capiteles, pero ampliamente modificado, con el paso de los años, y mutilado en su coronamiento. Rambla de Catalunya, 88.
-Casa Viuda Marfà: Uno de los mejores ejemplos del lenguaje neomedievalista importado por algunos arquitectos modernistas. El edificio, obra de 1901-1905, de Manuel Comas y Thos, destaca por los tres arcos de medio punto que dan a la calle y las esbeltas columnas que sustentan la tribuna de la fachada. Dirección: Paseo de Grácia, 66.
-Bancos-Farolas: Pere Falqués diseñó 31 de estos bancos-farolas en 1906 para amueblar e iluminar el paseo en sintonía con la suntuosidad y la voluntad de ostentación de la arquitectura. Hay que distinguir estos elementos originales de la época modernista de los bancos-parterre redondos que encontramos en alguna de las amplias esquinas del paseo, que son fruto de un relativo "neomodernismo" contemporáneo y que fueron añadidos al paisaje de la gran avenida barcelonesa con un concepto de la idoneidad que sigue siendo objeto de polémica en la ciudad. Dirección: Paseo de Grácia.
-Comestibles Múrria: Un histórico y popular establecimiento comercial inaugurado en 1898 como tostadero de café y fábrica de barquillos con el nombre de La Puríssima, el nombre de una iglesia cercana.
La tienda, que fue evolucionando hasta convertirse en uno de los colmados barceloneses por excelencia, presenta una preciosa fachada con rótulos y anuncios modernistas realizados en vidrio tintado al fuego: destaca el anuncio de Anís del Mono de la esquina, copia de la época de un póster original de Ramon Casas. Dirección: Roger de Llúria, 85.
-Casa Josefa Villanueva: Construida entre 1904 y 1909 por Juli M. Fossas, destaca por una elegante tribuna en una de las esquinas, que tenía su réplica, hoy desaparecida, en la otra esquina de la finca. Dirección: Valencia, 312.
-Casa Jaume Forn: Un edificio de 1909 con unas notables vidrieras angulares y un añadido posterior que distorsiona el conjunto, obra de Jeroni F. Granell i Manresa.Dirección: València, 285.
-Casa Santurce: También conocida por Casa Pau Ubarri, obra de Miquel Madorell i Rius (1902-1905), con un interesante vestíbulo y una fachada decorada con dos tribunas singularmente coronadas y un escudo con el nombre del propietario, el conde de San José de Santurce. Dirección: Valencia, 293.
-Conservatorio Municipal de Música: Obra erigida entre 1916 y 1928 -ya en las postrimerías de la fiebre modernista- por Antoni de Falguera, un especialista en encargos municipales. Dirección: Bruc, 104-112.
-Casa Lamadrid: Una obra de Lluís Domènech i Montaner (1902) relativamente sencilla pero con una fachada coronada por un singular remate escultórico con decoración vegetal y un escudo de estilo gótico que parece un compendio del tradicional repertorio decorativo de su autor. Dirección: Girona, 113.
-Casa Granell: Un modesto edificio que es una muestra excelente del modernismo "humilde", hecho por y para las clases menestrales o trabajadoras. Jeroni F. Granell i Manresa fue su propietario, a la vez que arquitecto (1901). Dirección: Girona, 122.
-Casa Llopis Bofill: Probablemente la obra más notable de Antoni M. Gallissà (1902). El edificio, de grandes dimensiones y muy modificado, es todo un escaparate de detalles decorativos en los que se descubre una evidente influencia de Domènech i Montaner. Destacan, especialmente, la extraordinaria planta baja y las tribunas y balcones. Dirección: Valencia, 339; Bailen, 113.
-Casa Vallet Xiroi: Del arquitecto Josep M. Barenys i Gambús, que la proyectó en 1913, con un estilo ya considerado propio de finales del Modernismo, con influencias de los movimientos de la Secession centroeuropea. Dirección: Mallorca, 302.
-Casa Thomas: Obra de Domènech i Montaner. El principal interés de este edificio, construido entre 1895 y 1898, reside en el hecho de que en él aparecerán por primera vez los signos de identidad inconfundibles del arquitecto; por ejemplo, la fachada neogótica, los tonos azulados y el vestíbulo con motivos florales con figuras de reptiles. La casa que hoy podemos contemplar no corresponde, sin embargo, al primer proyecto de Domènech i Montaner. Originalmente, el edificio se limitaba al taller y a la primera planta, la vivienda del propietario. La ampliación, de 1912, respetó las líneas originales, reconstruyó las torretas en un nivel superior y añadió unas elegantes tribunas en la fachada. Dirección: Mallorca, 291-293.
-Palau Montaner: Obra de Domènech i Montaner (1896) para uno de los propietarios de la editorial Montaner i Simón. Aunque el edificio fue comenzado por Josep Domènech i Estapà, en 1891 abandonó la obra por desavenencias con el propietario, tras haber construido las dos primeras plantas.
Tanto en el exterior como en el interior encontramos motivos ornamentales relacionados con el arte de imprimir. El interior del palacio es exquisito, y en su realización intervinieron grandes artistas de las artes aplicadas del Modernismo, como el escultor Eusebi Arnau, el ebanista Gaspar Homar y la empresa del vidriero Antoni Rigalt (Antoni Rigalt i Cia.); es de una gran riqueza decorativa, con mosaicos, esculturas, madera labrada y una espectacular escalinata bajo una gran claraboya ornamental. El palacio, uno de los edificios de la Delegación del Gobierno en Cataluña, es actualmente una de las sedes de la Subdelegación del Gobierno en Barcelona. Dirección Mallorca, 278. Visitas guiadas: Sábados a las 11:30h y 12:30h y Domingos a las 10:30h, 11:30h y 12:30h. Tel: 933 177 652. Entrada: 6€.
-La Pedrera (Casa Milà): La Casa Milà, el último edificio de viviendas construido por Gaudí, fue erigido por encargo de Pere Milà, un joven promotor urbanístico casado con Rosario Segimón, la rica viuda de un indiano llamado José Guardiola. El arquitecto hizo de la Pedrera una obra total que rebasaba el marco de la arquitectura y se adentraba en el de la escultura. La fachada, influida por los inicios fulgurantes del Art Nouveau, está revestida con piedra calcárea, formando unos característicos volúmenes curvos que recuerdan un acantilado marino por la sugerente forma en sinuosos arabescos de los balcones de hierro forjado. La parte inferior de la fachada está construida con piedra del macizo del Garraf y la superior, con piedra calcárea de Vilafranca del Penedès, completamente labrada para conseguir una textura mate.
Originalmente, Gaudí pretendió convertir la Pedrera en una alegoría religiosa del Santo Rosario culminando la fachada con un medallón de bronce de unos cuatro metros de altura.
Sin embargo, el estallido de la Semana Trágica (una revuelta popular que se alzó en 1909 contra la movilización de reservistas catalanes para luchar en la guerra de Marruecos y durante la que se quemaron numerosas iglesias) convenció al señor Milà de que no era una buena idea construir un edificio de viviendas con una gigantesca virgen, ya que, probablemente, se convertiría en el blanco predilecto de las iras anticlericales, por lo que, con sentido común, optó por cancelar esta parte del proyecto.
Hay quien asegura que la disposición interior de la Pedrera procede de los estudios que Gaudí había realizado sobre las fortalezas medievales. Esta hipótesis se ve avalada, en la azotea, por la similitud que presentan las chimeneas en las salidas de las escaleras con "centinelas" con un gran yelmo. El interior, sin embargo, tiene poco de fortaleza. Las pinturas de los techos de los vestíbulos y de los patios interiores son particularmente interesantes.
La antigua cochera subterránea, la primera que se construyó bajo tierra en Barcelona, es un espacio semicircular y en pendiente con columnas de hierro forjado y ladrillo que sostienen el edificio (en la actualidad es un auditorio que no está incluido en la visita turística).
La esposa del señor Milà, Rosario Segimón, nunca compartió la "devoción" de su marido por Gaudí, pero consintió en vivir entre techos ondulados hasta 1926 cuando, tras la muerte del arquitecto, reformó la planta principal en un estilo Luis XVI mucho más de su gusto. Este espacio es en la actualidad, una vez han sido suprimidas las paredes divisorias, el lugar en el que se exhiben las grandes exposiciones organizadas por la Fundación Caixa Catalunya, propietaria del edificio.
El Espai Gaudí se encuentra en la buhardilla de la Pedrera, donde estaban los lavaderos de la casa y que ahora han recuperado su aspecto original con sencillas bóvedas parabólicas realizadas con ladrillo. Su planta, que años más tarde provocaría la admiración de Le Corbusier, tiene forma de ocho. El elemento principal son los 270 arcos parabólicos, que en ocasiones recuerdan el costillar de un inmenso animal y, a veces, parecen tener forma de palmera.
La recuperación de este espacio ha supuesto la eliminación de los trece apartamentos construidos en 1953, que, por otra parte, no estaban exentos de mérito arquitectónico.
Cuando la buhardilla recuperó su estado original, se comprobó que la ubicación designada por Gaudí para las ventanitas, distribuidas en diferentes niveles, había sido muy precisa con el fin de que entrase suficiente luz en todo el espacio y de que circulara constantemente el aire, ya que en la buhardilla también se tendía la ropa. Actualmente, el Espacio Gaudí explica, mediante una serie de dibujos, maquetas, fotografías y audiovisuales, la vida de Gaudí, su contexto histórico y cultural, y los valores artísticos y las innovaciones técnicas de su obra.
Desde el Espacio Gaudí se accede a la escalonada azotea de la Pedrera, bautizada por el poeta Pere Gimferrer como el "jardín de los guerreros" por el aspecto de sus chimeneas.
La azotea también ha sufrido una restauración radical: sólo se han conservado las chimeneas que son originales de Gaudí. La restauración ha devuelto el esplendor a las chimeneas y a los huecos de escalera revestidos con fragmentos de mármol y trencadís de azulejo. La chimenea, coronada con capillitas de vidrio -que, según se ha dicho, realizó Gaudí al día siguiente de la inauguración del edificio aprovechando las botellas vacías de la fiesta-, se restauró con bases de botellas de champán de principios de siglo XX. El trabajo de los restauradores ha permitido recuperar la fuerza original del voladizo de piedra de Ulldecona, con fragmentos de baldosas. El conjunto tiene más color que la fachada, aunque aquí dominan las tonalidades cremosas.
Desde la azotea de la Pedrera podemos ver otra perspectiva de los patios interiores y, en el horizonte del paisaje urbano, las torres de la Sagrada Família.
La última etapa de la visita es "El Piso de la Pedrera", un espacio que ayuda a conocer los elementos clave del interiorismo de Gaudí y explica la vida cotidiana de una familia burguesa de la Barcelona de principios del siglo XX. En casi 600 metros cuadrados, dos de las antiguas viviendas de la Pedrera, se encuentra la reconstrucción de una vivienda de la época en la que no faltan ni el despacho, ni los antiguos cuartos de baño ni las austeras habitaciones para el servicio doméstico. Dirección: Paseo de Grácia, 92. Entrada: 9,5€.
-Casa Casas-Carbó: Construida por Antoni Rovira i Rabassa en 1894, con un interesante balcón de piedra labrada en la fachada de la planta principal. Pero el mayor interés de este edificio, que fue residencia del pintor Ramon Casas y del escritor Santiago Rusiñol, reside en su interior, en el que destacan el patio del principal, un elegante jardín romántico de finales del siglo XIX y la chimenea que realizó el decorador Josep Pascó (1902) para la planta noble del inmueble. Dirección: Paseo de Grácia, 96.
-Casa Serra: Una de las mejores muestras de palacio privado de la época en Barcelona. La casa, construida entre 1903 y 1908 por Josep Puig i Cadafalch, actúa hoy a modo de cortina de un edificio contemporáneo de fachada de vidrio, obra de Antoni Milà y Frederic Correa (1987), y este osado conjunto es la sede de la Diputación de Barcelona.
Del proyecto original de Puig i Cadafalch tan sólo se conservan las dos alas que dan a la esquina entre la Rambla de Catalunya y la calle Còrsega. En el ala de la Rambla de Catalunya hay una puerta plateresca en la que Puig quiso recrear la puerta de la Casa Gralla, un edificio renacentista de la calle Portaferrissa derruido en 1856. Pero el eclecticismo del arquitecto no parecía tener límites en la Casa Serra. Al plateresco de la puerta hay que añadir los balcones y las ventanas, en los que se mezclan elementos góticos y renacentistas. Dirección: Rambla de Catalunya, 126.
-Casa Antoni Costa: Considerada el edificio de viviendas más representativo de Josep Domènech i Estapà.
En esta obra, de los años 1902 a 1904, se hace patente la influencia del movimiento arquitectónico "secesión" y es casi coetánea a dos de sus obras más emblemáticas, la cárcel Modelo y el Hospital Clínico.
Del edificio cabe destacar las dos fachadas laterales, que abarcan los cuatro pisos superiores, y el uso de las formas circulares, tanto en el coronamiento como la curiosa puerta principal, donde forma una especie de tímpano que tiene en el interior un escudo y la fecha. Dirección: Rambla de Catalunya, 122.
-Casa Sayrach:
Uno de los últimos y singulares ejemplos del Modernismo barcelonés. Construida entre 1915 y 1918, la casa resulta peculiar por las formas curvas de su fachada, de clara influencia gaudiniana, y por el esbelto torreón de la esquina. El interior de la portería es una apoteosis del Modernismo más barroco.
El proyecto de la obra fue firmado por Gabriel Borrell i Cardona, pero hoy se atribuye al arquitecto y escritor Manuel Sayrach i Carreras. Dirección: Rambla de Catalunya, 122.
-Casa Pere Company: Un chalé construido por Puig i Cadafalch en 1911 y que actualmente acoge el Museo del Deporte y Centro de Estudios Doctor Melcior Colet. La casa fue propuesta para el premio del Ayuntamiento de Barcelona al mejor edificio en 1911, galardón que finalmente se llevó la fábrica Casaramona, del mismo arquitecto. El edificio es considerado la primera obra de la "época blanca" de Puig i Cadafalch, en la que el arquitecto de Mataró plasmó las influencias del Secession vienés en sus proyectos.
En la fachada se mantiene algún elemento decorativo, como, por ejemplo, el esgrafiado de la virgen de la Asunción de la fachada de la calle Buenos Aires, obra de Tomás Fontanals. En 1940, el inmueble fue adquirido por un famoso ginecólogo, el doctor Melcior Colet Torrebadella, que lo convirtió en una clínica. Las obras se llevaron a cabo bajo la dirección del interiorista Santiago Marco Urrutia (1885-1949), que sólo conservó en el interior la chimenea original de Puig i Cadafalch. En 1982, el doctor Colet regaló el edificio a la Dirección General de Deportes de la Generalitat para que la transformara en un museo. Dirección: Buenos Aires, 56-58. Horario: Días laborables de 10 a 14 h y de 16 a 19 h. Festivos cerrado. Tel.: 934 192 232. Entrada gratuita. .
-Casa Pérez Samanillo: Sede del Círculo Ecuestre. El edificio original, construido en 1910 por Joan Josep Hervàs i Arizmendi, ha sufrido numerosas modificaciones a lo largo de su historia. De este palacete de aires neogóticos destaca especialmente la ventana oval del comedor que da a la Diagonal, popularmente conocida como "la pecera". Dirección: Diagonal, 502-504.
-Casa Bonaventura Ferrer: Construida por Pere Falqués entre 1905 y 1906. Falqués realizó en la fachada de este edificio un singular tratamiento escultórico, especialmente en la monumental tribuna. Dirección: Paseo de Grácia, 113.
-Casa Fuster: La última obra de Domènech i Montaner en Barcelona (1908-1911). Se trata de una construcción de aire neogótico con tres fachadas de mármol blanco y una solución de la esquina principal, con un cuerpo cilíndrico que forma tribunas, típica de Domènech. El edificio está rematado por unas curiosas buhardillas de aire francés, muy poco habituales en la arquitectura modernista catalana. En los bajos del edificio funcionó, durante muchos años, el mítico Café Vienès, que, junto con la sala de baile El Danubio, que se encontraba en el sótano, era un lugar de encuentro privilegiado de la ciudad.
En el año 2004 la empresa Hoteles Center, que compró el inmueble realizando una esmerada y respetuosa rehabilitación para convertirlo en un hotel de gran lujo, y reabrió el Café Vienès. Dirección: Paseo de Grácia, 132.
-Palau del Baró de Quadras: Este palacio, construido entre 1904 y 1906, alberga en la actualidad la Casa Asia, institución pública constituida con el objetivo de promover la realización de actuaciones y proyectos para impulsar la relación con Asia en los ámbitos institucional, cultural, académico y económico. El edificio es toda una lección de la creatividad y elegancia de Puig i Cadafalch. Todo en él es ejemplar: desde los interiores, con un vestíbulo muy ornamentado, hasta la reja de la puerta y la fachada, en la que se conjugan formas góticas y platerescas con una abundante decoración floral. Una de las curiosidades es su doble fachada: la de la Diagonal acentúa el carácter noble y singular del palacio, mientras que la de atrás (calle Rosselló) evidencia el carácter de edificio de viviendas. El interior tiene un sabor oriental gracias a los mosaicos romanos, las policromías sobre madera, los esgrafiados y las celosías de madera. Dirección: Diagonal, 373. Horario Biblioteca: de lunes a viernes de 10 a 20h. Sábados de 10 a 14h. Exposiciones: de martes a sábado de 10 a 20h. Domingos y festivos de 10 a 14h.
-Casa Comalat: Obra insólita de Salvador Valeri i Popurull (1909-1911), de claras influencias gaudinianas. Destacan especialmente las fachadas: la principal, simétrica y urbana, y la posterior (calle Còrsega), menos formal, policromada y decorada con unas curiosas galerías de madera con persianas y cerámicas de colores. El interior no es menos espectacular: además de los espléndidos pavimentos de mosaico, cuenta con un mobiliario exquisito, de formas extremadas, en particular los bancos y las lámparas del vestíbulo. Dirección: Diagonal, 442.
-Casa Terrades (Casa de les Punxes): Este edificio, conocido popularmente como la Casa de les Punxes, fue construido entre 1903 y 1905 por Josep Puig i Cadafalch. La Casa de les Punxes posee una silueta característica y es una de las obras más famosas del Modernismo. El edificio se alza en un extenso solar que era propiedad de las hermanas Terrades y está formado por tres casas de viviendas aunque parece un bloque uniforme.
En su construcción Puig i Cadafalch estilizó al máximo sus típicos elementos de inspiración medieval, reforzándolos hasta el punto de que parece un castillo. El edificio tiene cuatro torres redondas rematadas con agujas cónicas -las "punxes", es decir, las puntas-, una torre principal con cimborio y una legión de tribunas y miradores de estilo gótico flamígero. El escritor australiano Robert Hughes la describe en su libro Barcelona como "una mezcla entre una casa gremial flamenca y un castillo del loco Luis II de Baviera". En su espectacular fachada de ladrillo, excepto en la planta baja, que es de piedra, destacan los forjados, los balcones y los paneles de cerámica con motivos patrióticos.
El mayor y más conocido de estos paneles es el que representa a san Jorge, en el que aparece la leyenda: "Sant Patró de Catalunya, torneu-nos la llibertat" (Santo Patrón de Cataluña, devolvednos la libertad), que fue considerada por algunos una provocación. El histriónico político españolista de la época, Alejandro Lerroux, calificó este panel de "crimen contra la nación" (española, en este caso), pero el arte prevaleció sobre la política y el escudo sobrevivió, incluso durante el fascismo y con una comisaría de policía enfrente. Dirección: Diagonal, 416-420.
-Casa Macaya: Residencia urbana construida por Josep Puig i Cadafalch entre 1899 y 1901. La fachada blanca del palacio, culminada con dos torreones laterales, luce unos esgrafiados y unas aberturas con decoración escultórica en las que destacan los capiteles de Eusebi Arnau, con temas muy contemporáneos (como el ciclista que hay junto a la puerta principal). La exquisita decoración del interior se ha perdido casi en su totalidad a excepción del vestíbulo, decorado con esgrafiados y azulejos, y del patio, presidido por una escalera abierta al más puro estilo de los palacios medievales barceloneses. Dirección: Paseo de Sant Joan, 108.
-Casa Planells: Una original edificación de formas redondeadas construida entre 1923 y 1924 por Josep Maria Jujol i Gibert, discípulo de Gaudí. Muchos especialistas consideran esta casa como la última obra modernista de Barcelona en la que es evidente la influencia de las nuevas corrientes racionalistas. Jujol solucionó de forma admirable el aprovechamiento de un pequeño solar para diseñar unos pulcros pisos dúplex comunicados por una escalera interior de caracol. Dirección: Diagonal, 332.
-Templo Expiatorio de la Sagrada Familia:
Gaudí fue también un arquitecto único en su época por haber sido uno de los pocos que recibió un encargo que le duró toda la vida -y, de hecho, lo sobrevivió-: la Sagrada Família.
Este templo destaca por su originalidad, por la ambición que demuestra y por sus gigantescas dimensiones.
El origen del Templo Expiatorio de la Sagrada Família se remonta a 1869, cuando Josep M. Bocabella, fundador de la Asociación Josefina, dedicada a propagar la devoción a San José, tuvo la idea de erigir un templo en honor a la Sagrada Familia (San José, la Virgen María y Jesucristo). Bocabella adquirió un solar y, en 1882, inició la construcción de una iglesia de estilo neogótico con el objetivo de construir una catedral de los pobres que contrarrestase el radicalismo político de la clase obrera de Barcelona, la ciudad que el pensador anarquista, Mijaíl Bakunin, señala como la más revolucionaria de todas las ciudades europeas.
Sin embargo, el templo adquirió con el tiempo un significado muy diferente a medida que el catalanismo más conservador se iba identificando con el proyecto.
El primer arquitecto del templo fue Francesc de Paula Villar, pero la falta de entendimiento con Bocabella provocó un cambio de planes radical. Villar fue despedido y sustituido por Antoni Gaudí, que terminó la cripta y presentó un nuevo proyecto mucho más ambicioso: construir una catedral con una torre central dedicada al Salvador de 170 metros de altura. La idea entusiasmó al devoto Bocabella y Gaudí se puso manos a la obra rápidamente.
En 1891 se iniciaron las obras de la fachada del Nacimiento. Treinta y cuatro años después Gaudí sólo había acabado el primero de los cuatro campanarios que se alzan en esta parte. Los otros tres se finalizaron después de la muerte del arquitecto.
La Sagrada Família puede considerarse como una Biblia en piedra gracias al gran número de símbolos cristianos que Gaudí plasmó en sus fachadas, en las que aparecen -o aparecerán- desde Adán y Eva hasta los Doce Apóstoles, pasando por los episodios principales de la vida de Jesús así como por todos los grandes símbolos del Antiguo Testamento. La Sagrada Família es, en definitiva, un monumento que podría ser "leído" como una iniciación completa a la religión católica.
Sin embargo, la importancia de este edificio no es exclusivamente religiosa, sino que se trata también del "libro de Gaudí", la más clara lección de su forma de construir, una especie de testamento en el que Gaudí aplicó todas las soluciones estructurales que estudió y probó en sus diferentes obras y donde nuevamente rindió homenaje a la naturaleza, a la que él llamaba "la mejor constructora" y a la que siempre intentó imitar. Un ejemplo de ello son las columnas inclinadas apoyadas en pequeños fragmentos de bóveda hiperbólica en las que se sustenta el tempo, que producen el efecto de un bosque.
La fachada del Nacimiento, en la calle Marina, es la gran obra figurativa de Gaudí. Finalizada casi en su totalidad por el propio arquitecto, intenta expresar y comunicar la alegría de la creación por el nacimiento de Jesús. En la arquivolta central se puede ver a Jesús, José y María entre el buey y la mula bajo la estrella de Oriente, rodeados de ángeles, músicos y cantores. Un detenido examen de su decoración permite localizar un centenar de especies vegetales diferentes y otros tantos animales representados escultóricamente en las arquivoltas y las hornacinas. Esta fachada tiene tres puertas. La central es la puerta de la Caridad y en ella se presentan los nombres de la genealogía de Cristo, la serpiente con la manzana, el niño Jesús con el buey y la mula, y los signos del Zodíaco tal como estaban el día del nacimiento de Jesús.
En la parte izquierda se encuentra la puerta de la Esperanza, en la que se representan las bodas de José y María, los degüellos del día de los inocentes y la huida a Egipto, y una representación de la montaña de Montserrat con la inscripción "Salveu-nos" (Salvadnos). En el lado opuesto se encuentra la puerta de la Fe, en la que están representados el episodio de la Visitación y Jesús entre los doctores del templo y en su banco de carpintero. En los pináculos de esta fachada se ven espigas y racimos y la imagen de María según el dogma de la Inmaculada.
La fachada de la calle Sardenya es la contraposición a la fachada del Nacimiento. Esta fachada incluye más de un centenar de esculturas contemporáneas que, realizadas por el escultor Josep Maria Subirachs, siguiendo los esbozos de Gaudí, evocan la Pasión y muerte de Cristo. La desolación, la desnudez, el dolor, el sacrificio y la muerte presiden la Pasión de Cristo para anunciar su resurrección y ascensión al cielo.
Gaudí repetía que si hubiera comenzado por esta fachada, la gente hubiera renegado de la Sagrada Família. En contraste con la decorada, ornamentada y turgente fachada del Nacimiento, la puerta de la Pasión es dura y de líneas acusadas, pelada, como si estuviera hecha de huesos. Tras un pórtico soportado por seis grandes columnas inclinadas, como si fueran troncos de grandes secuoyas, se alza un inmenso frontón con dieciocho columnas más pequeñas. La falta de decoración concentra la tragedia en los hechos principales, llenos de dramatismo, presididos por la figura de Cristo desnudo en el momento de su muerte.
Falta por construir la fachada principal, que, según el proyecto de Gaudí, miraba al mar por encima de la calle Mallorca, que quedaba cubierta por una gran plaza que daba a una inmensa escalinata que ocuparía lo que en la actualidad es la manzana de casas que está situada delante del templo. Lo que empieza a tomar forma son unos espacios totalmente nuevos que constituyen las naves del templo, en las que se perciben soluciones geométricas y estructurales insólitas.
Las naves son el resultado de años de estudio y reflexión, ya que hacia 1910 Gaudí inició los esbozos a los que, posteriormente, incorporó la experiencia adquirida en la capilla de la Colònia Güell: una solución con columnas ligeramente helicoidales, arcos y bóvedas paraboloides hiperbólicas. Sin embargo, el descubrimiento de la luminosidad de la hipérbole llevó a Gaudí a utilizar una crucería de cúpulas cóncavo-convexas que se ajustan con columnas, muros y ventanales y que, materializadas en una escala 1/10, constituyen la visión del bosque que frecuentemente le servía de imagen para explicar su proyecto.
El museo del templo conserva la historia de su construcción en planos de situación, fotografías de momentos de la construcción, fragmentos de maquetas, iconografía y trabajos en hierro forjado, madera y metal diseñados por Gaudí, además de fotografías y un audiovisual sobre otros edificios del mismo arquitecto. También se pueden contemplar en él las maquetas de la nave central y de las fachadas. Como elementos más singulares, se expone la maqueta que le sirvió a Gaudí para calcular la estructura de la iglesia de la Colònia Güell y una veintena de dibujos originales del arquitecto.
Una de las instalaciones anexas es la que acogía las Escuelas de la Sagrada Família, un sencillo edificio curvilíneo con la impronta de Gaudí que deslumbró a Le Corbusier por su osadía técnica.
Estas escuelas, construidas originariamente para enseñar en ellas a los hijos de los albañiles que trabajaban en la obra, se encuentran en un edificio innovador en el que Gaudí no utilizó el hierro sino que realizó todas las estructuras a base de ladrillo, con lo que consiguió la máxima plasticidad utilizando un material muy barato. Dirección: Mallorca, 401. Horario: Abierto todos los días del año. De octubre a marzo, de 9 a 18 h; y de abril a septiembre, de 9 a 20 h. Cierra por la tarde los días 25 y 26 de diciembre y el 1 y 6 de enero. Este año, del 17 de marzo hasta el 13 de abril, el Templo abrirá de 9 a 19 horas. Precios: 10€. Reserva obligatoria. De lunes a viernes, de 9 a 14 h. Tel.: 934 572 284.
-Hospital de la Santa Creu i Sant Pau: Descripción: El Hospital de la Santa Creu i Sant Pau es una de las instituciones más emblemáticas y arraigadas en Barcelona. Se fundó en 1401 después de las plagas de hambre y peste que se produjeron en la ciudad a finales del siglo XIV.
La primera sede del Hospital fue un edificio de arquitectura gótica catalana en el centro del barrio del Raval que, con los años, se fue ampliando con otros edificios (calle Carme, 47 y calle Hospital, 56).
El edificio del Eixample se comenzó a construir en 1902, según un proyecto de Lluís Domènech i Montaner, coincidiendo con la industrialización de la ciudad y con las nuevas ideas sobre higiene y salud pública aplicadas al urbanismo, promovidas por el médico Pere Felip Monlau y por urbanistas e ingenieros como Ildefons Cerdà y Pere García Faria, este último responsable del diseño de la red de alcantarillado de la Barcelona del siglo XIX.
El hospital se erige en uno de los extremos del Eixample, un lugar conocido como "la montaña pelada", en terrenos adquiridos por el antiguo Hospital de la Santa Creu y ampliados gracias a una donación del banquero Pau Gil, que en su testamento dispuso que a su muerte se construyera un centro sanitario que llevase su patronímico y, por esta razón, se añadió el nombre de Sant Pau al de la Santa Creu.
Las obras se iniciaron en 1902 y el rey Alfonso XIII inauguró oficialmente el nuevo centro en 1930, cuando el hospital ya había abandonado su antigua ubicación en el Raval.
La obra de Lluís Domènech i Montaner está considerada como uno de los mejores conjuntos modernistas del mundo.
El hospital es una auténtica ciudad, con calles, jardines y edificios. El pabellón de acceso, coronado por una esbelta torre y un reloj, cuenta con una fachada de ladrillo de cara vista que domina todo el conjunto, enriquecida con mosaicos de temas históricos y capiteles y ménsulas de piedra con forma de ángeles, unas obras sintéticas realizadas por un joven escultor, Pau Gargallo. También destacan los mosaicos de Mario Maragliano y la gran escalera y los techos, de reminiscencias islámicas. Dos cifras indican las fechas de inicio y finalización de las obras de este edificio principal (la fecha de inicio, 1905, con la letra griega alfa y, la de finalización, 1910, con la letra omega).
El pabellón de entrada y los diez pabellones situados en torno a él fueron construidos directamente bajo la batuta de Domènech i Montaner y son una muestra del uso inteligente, característico del arquitecto, de la piedra, del hierro y de la cerámica.
El resto de los pabellones del conjunto, como la Casa de Convalescència, son obra de Pere Domènech i Roura, hijo del arquitecto. Algunos pabellones reciben nombres de santos y santas, mientras que otros están bautizados con nombres de vírgenes.
Los pabellones, rodeados de jardines, están conectados por una red de pasillos subterráneos de dos kilómetros. Domènech concibió un hospital totalmente innovador, disgregando el edificio en una serie de células, con mucha luz solar y aire fresco, en las que los enfermos y los médicos disfrutaban de un entorno natural más saludable que el del viejo hospital medieval. Uno de los pabellones, destinado actualmente a cafetería, presenta una fachada barroca insólita, la de la antigua iglesia de Santa Marta (1733), obra de Carles Grau.
La fachada fue desmontada cuando se derribó la iglesia en 1909 para dejar sitio a la Via Laietana, y trasladada y colocada en la puerta de la cocina del hospital en 1928. El hospital, que ocupa una superficie equivalente a nueve manzanas del Eixample, ha sido objeto de diferentes restauraciones.
Los pabellones modernistas de Sant Pau fueron declarados Monumento Histórico-Artístico en 1978 y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997.
El Hospital de la Santa Creu i Sant Pau inaugura su tercera sede en el siglo XXI: un edificio situado en el extremo nordeste de los terrenos, separado del recinto modernista. En lo que respecta a los pabellones modernistas, se reservarán para nuevos usos relacionados con actividades de docencia, investigación y divulgación, a medida que el hospital se vaya trasladando a los nuevos edificios. Dirección: Sant Antoni Maria Claret, 167. Horarios: De lunes a domingo de 10 a 14h. Visitas guiadas: 13:15 horas. Entrada: 5€.
-Parque Güell: El encargado de hacer realidad este proyecto de urbanismo paisajístico del conde Güell fue Antoni Gaudí.
El proyecto de Gaudí contemplaba la construcción de alrededor de unas sesenta casas en parcelas, con una extensa zona verde comunitaria. La urbanización se inició en 1900 y se detuvo definitivamente en 1914.
Gaudí, siguiendo el deseo de Güell, ideó un retiro bucólico que debía servir de residencia a la burguesía barcelonesa más selecta. Su situación, en la falda de la montaña y lejos de la ciudad, parecía idónea para simbolizar la metáfora de la ascensión al paraíso, al edén.
El proyecto, sin embargo, fue un fracaso total. Aparte de la parcela que adquirió el propio contratista de las obras, sólo se vendieron dos parcelas a un único comprador, que sólo edificó un chalé.
Se llegaron a construir las tres cruces, que marcaban el lugar en el que se tenía que erigir una capilla; los dos pabellones de entrada; los muros de contención y toda la infraestructura viaria alrededor de una gran plaza sustentada por columnas. Pero frente al desastre financiero de la operación, los herederos de Eusebi Güell, fallecido en 1918, vendieron el solar al Ayuntamiento, que lo convirtió en un parque público.
Las prodigiosas estructuras levantadas entre la vegetación mediterránea son una curiosa mezcla de fantasía y espiritualidad, salpicada de emblemas patrióticos por el catalanista insobornable que era Gaudí. En esta obra el arquitecto abandonó todo historicismo para formular con valentía un lenguaje propio que va desde la inspiración en formas naturales hasta un lenguaje plástico sorprendentemente vanguardista.
La puerta principal del Park Güell, abierta en un muro de ladrillo decorado con mosaicos, está protegida por una reja de hierro forjado y flanqueada por dos sugerentes pabellones inspirados en el cuento "Hansel y Gretel", que se había representado en forma de ópera en el Liceu a finales de 1900, cuando Gaudí se embarcaba en el proyecto del Park Güell.
El pabellón de la izquierda, con una doble cruz en el techo, representa la casa de los niños, Hansel y Gretel.
La planta baja cuenta con una librería y una tienda de recuerdos. El de la derecha, más grande y coronado por una seta venenosa, es el de la bruja, y era la antigua casa del conserje del parque.
Recientemente restaurado, acoge en la actualidad el Centro de Interpretación del Park Güell del Museo de Historia de la Ciudad de Barcelona.
La planta baja, con información sobre la obra de Gaudí, es de acceso libre.
En el piso superior, adquiriendo una entrada, se puede ver la distribución de la construcción y la antigua vivienda del conserje, además de la exposición "Gaudí y el Park Güell.
Arquitectura y naturaleza". Pasados los dos pabellones, a la derecha, puede verse una gruta que recuerda la cripta del monasterio de Sant Pere de Rodes, y que servía para proteger a los carruajes y a los caballos en los días de lluvia.
La escalera principal está partida en dos por un centro de agua en el que reina el famoso dragón multicolor de trencadís de cerámica esmaltada.
En la parte de arriba de la escalera se encuentra la sala hipóstila, también conocida como la de las cien columnas pese a no tener más que 86.
Esta sala, destinada originalmente a albergar el mercado de la urbanización, fue decorada por Josep Maria Jujol, colaborador habitual de Gaudí, quien le dio carta blanca para hacer lo que quisiera. El resultado fue excepcional: un techo ondulante de mosaico con variadas incrustaciones formando unas caprichosas espirales.
Con la restauración de esta zona, en 1992, se colocaron unas lámparas en las bases de las columnas que, de noche, transforman la sala en una especie de templo griego espectacular. De la sala hipóstila salen dos caminos que nos llevan a la gran plaza circular, un privilegiado mirador sobre la ciudad.
La plaza, según el proyecto inicial de Gaudí, tenía que recoger el agua de lluvia que, convenientemente canalizada por las columnas de la sala hipóstila, iba a parar a un inmenso depósito de 12.000 metros cúbicos (cerrado al público).
La plaza está rodeada por un serpenteante banco de trencadís en el que la imaginación combinada de Gaudí y Jujol consiguió una audacia extraordinaria que algunos especialistas consideran precursora del arte abstracto.
El banco es una sinfonía de colores: el verde, el azul y el amarillo aparecen combinados de diferentes maneras, y con forma de lunas, estrellas y flores abstractas. El color, sin embargo, va desapareciendo gradualmente de izquierda a derecha, hasta que predomina el color blanco, símbolo de pureza.
La obra parece querer insinuar que la vida humana es una sinfonía de colores que culmina en el blanco, con el cielo.
No obstante, el color no es del todo blanco: Gaudí empleó un material que había sido rechazado en otras edificaciones, como la Casa Batlló, precisamente por esta "impureza" de color. En la última restauración del banco (1995) se ha querido mantener esta imperfección y se han utilizado hasta veintiuna tonalidades diferentes de blanco al restituir las partes más deterioradas del mismo.
Otras construcciones sorprendentes del Park Güell son los puentes y los pasos bajo los viaductos, con columnas torcidas, que hacen que parezcan grutas. El cuarto pórtico que conecta la parte superior con la inferior es quizás la estructura más especial, con paredes y arcos inclinados de aire surrealista. La cumbre de la colina donde está situado el parque está coronada por un calvario monumental formado por tres cruces que se encuentra en el lugar donde Gaudí tenía previsto construir una iglesia. También en este lugar el autor se dejó llevar por la fantasía: si miramos hacia el este, es decir, en dirección a la ciudad de Jerusalén, la perspectiva hace que las tres cruces, al estar en fila, se conviertan en una. Éste es el punto final del ascenso: la cruz es el último símbolo. Dirección: Olot, s/n.
-Casa-Museo Gaudí: En el recinto del parque Güell, se encuentra la Casa-Museo de Gaudí.
El museo ocupa la casa en la que Antoni Gaudí vivió los últimos veinte años de su vida y presenta interesantes aspectos didácticos sobre la vida y la obra del genial arquitecto. Entre otras cosas, el visitante podrá contemplar mobiliario del Palau Güell y de las casas Calvet y Batlló, objetos personales y recuerdos de Gaudí, así como materiales y elementos de su trabajo personal, que permiten un acercamiento particular a su compleja y, con frecuencia, desdibujada personalidad.
La casa es obra de Francesc Berenguer i Mestres (1904), aunque el proyecto fue firmado por Antoni Gaudí. Dirección Parque Güell. Horario: Todos los días de la semana. De octubre a marzo, de 10 a 18 h; de abril a septiembre, de 10 a 20 h. Cerrado el 1 de enero. El 6 de enero y el 25 y 26 de diciembre abierto de 10 a 14h. Entrada: 5€.
-Casa Comas d'Argemir: Una obra digna de atención de Josep Vilaseca i Casanovas (1904). Desde la calle se puede ver su fachada en forma de elipse, decorada con cerámicas y pequeños esgrafiados rodeando las ventanas decoradas con cabezas de león, rematada con una verja de hierro forjado con las iniciales de los propietarios y con la torreta, coronada por una cúpula puntiaguda de trencadís azulado. Dirección: Avenida de la República Argentina, 92.
-Casas Ramos: Tres edificios unidos por una fachada común construidos en 1906 por Jaume Torres i Grau.
No hay que perderse las barandillas con forma de abejas en el forjado del balcón central. En el patio trasero, en la esquina con la calle Mont-Roig, se conserva un encantador templete modernista. Los cinéfilos tienen en este edificio una cita ineludible, ya que en él se filmó parte de la película Todo sobre mi madre, de Pedro Almodóvar. Dirección: Plaza Lesseps, 30, 31 y 32.
-Casa Vicens: Esta obra primeriza de Gaudí, realizada entre 1883 y 1888, fue un encargo de Manuel Vicens, fabricante de azulejos, para construir una casa particular en el antiguo municipio de Gràcia.
La obra tenía que cumplir una doble misión: ser el hogar de Vicens y, a la vez, anunciar las excelencias de los productos que fabricaba. Gaudí dio al conjunto unas características formas inspiradas en la arquitectura india y japonesa y recubrió buena parte de las tres fachadas con unos espectaculares azulejos vidriados verdes y blancos.
En este edificio, Gaudí utilizó el azulejo de Valencia exhibiéndolo, como medio para dar color a la fachada y resaltándolo mediante el contraste con el ladrillo visto.
Otro elemento de interés del exterior de la finca es la reja de hierro, que intenta reproducir -y lo consigue- las estéticas hojas del margallón, una pequeña palmera endógena de Cataluña.
Aunque los propietarios suelen ser tolerantes con los visitantes que entran al jardín, la casa es una vivienda privada y el interior no puede ser visitado. Elementos destacables del interior son la sala-fumadero redonda, culminada por una bóveda mudéjar de yeso multicolor, la recargada decoración floral y la ebanistería de color rojo de la sala de estar. Dirección: Carolines, 18-24.
-Pabellones Güell: Gaudí consagró toda su vida a trabajar por su original visión de la arquitectura y Eusebi Güell fue el mecenas que le dio los primeros medios para empezar a hacer realidad este tipo de obras tan costosas. Güell quiso ampliar en 1883 la inmensa finca que su padre había comprado hacía algunos años en la zona de Pedralbes. Le encargó a Gaudí una parte de las obras de reforma (1884-1887), que fueron dirigidas por Joan Martorell. Gaudí proyectó el jardín y los pabellones de entrada a la finca por el camino (hoy paseo de Manuel Girona) que venía de la carretera de Sarrià.
A finales del siglo XIX, en la finca se encontraba la casa de veraneo de los Güell y tierras de cultivo que la familia explotaba.
Para esta obra, Gaudí se inspiró en el Jardín de las Hespérides, tal y como Jacint Verdaguer lo describía en su gran poema L'Atlàntida. Verdaguer había dedicado este poema al suegro de Güell, el marqués de Comillas, y curiosamente lo había acabado de redactar en esta misma finca.
La entrada destaca especialmente por la denominada puerta del dragón, una gran escultura en hierro forjado que simboliza el dragón mitológico de Verdaguer, con alas de murciélago, cuerpo escamado, boca abierta y lengua sinuosa.
El adversario del dragón no era san Jorge, sino Hércules, porque L'Atlàntida era un poema en el que las referencias se habían mediterranizado.
El árbol del Jardín de las Hespérides de Verdaguer, por ejemplo, no es un manzano, como en el mito clásico, sino el naranjo mediterráneo: sobre la jamba derecha de la Porta del Drac, Gaudí colocó una pequeña escultura de un naranjo con naranjas doradas.
Tras la muerte de Eusebi Güell, en 1918, sus descendientes cedieron la casa y parte de los terrenos para la construcción del Palacio Real de Pedralbes.
Las antiguas caballerizas, el picadero y lo que era la casa del conserje forman parte del patrimonio de la Universidad de Barcelona. En las caballerizas se encuentra la Cátedra Gaudí, centro de investigación de historia del arte. Dirección: Avenida de Pedralbes, 7. Horario: Sólo abierto para visitas guiadas de viernes a lunes: 13:15h en castellano. Tel.: 933 177 652. Entrada: 6€.
-Portal Miralles: De la antigua finca Miralles. La intervención de Gaudí (1901-1902) se limitó a la realización del muro de mampostería de piedra en bruto y el portal de entrada a la finca, un alero ondulante de piedra con estructura metálica. Dirección: Paseo de Manuel Girona, 55-61.
-Colegio de las Teresianas: Gaudí recibió el encargo de construir este "castillo interior" de santa Teresa en 1888 y, para llevarlo a cabo, leyó la obra de la mística católica, lo que resulta evidente cuando se visita el edificio.
El simbolismo de santa Teresa está en todas partes, y las columnas en forma de T situadas al final del pasillo del claustro la recuerdan.
En el centro del "castillo" hay otra columna, muy sencilla, porque Gaudí imaginó que Dios estaba en el centro del "castillo" y consideró que no podía crear nada pretencioso al lado de la belleza divina.
La puerta de entrada también está llena de detalles simbólicos religiosos, como las iniciales de Jesús, o patrióticos, como las cuatro barras de la bandera catalana en hierro forjado. Los característicos arcos ojivales del edificio representan el símbolo de la oración. Gaudí también hizo uso de estos arcos parabólicos de las fachadas del edificio (ventanas y motivos ornamentales) en el interior.
En los pasillos del primer piso, la presencia rítmica de los arcos genera un juego de luces y sombras que ennoblece el espacio e imita al claustro de un convento.
Gaudí diseñó incluso las macetas para las plantas, que tenían que ser de color naranja y verde: el naranja simbolizaba la Santísima Trinidad; el amarillo correspondía al Padre; el rojo, al Hijo; y el naranja -la mezcla-, al Espíritu Santo.
En las esquinas del edificio, Gaudí construyó unos pilares helicoidales de ladrillo con el escudo de la orden religiosa, realizado en cerámica, y coronados con cruces de cuatro brazos.
Otro elemento destacable es la chimenea, similar a las del Palau Güell, que preside la azotea del edificio. En el año 2002, coincidiendo con el Año Gaudí, el Instituto del Paisaje Urbano recuperó elementos y escudos de la fachada y los originales birretes del coronamiento (que recuerdan a los gorros doctorales de la Universidad) que se habían perdido durante la Guerra Civil (1936-1939). Dirección: Ganduxer, 85-105. Observaciones: Las propias monjas permiten, en ocasiones, el acceso al jardín. Preguntar al guarda de la puerta o llamar al teléfon 932 123 354.
-Casa Muley-Afid: Dirección: Paseo de la Bonanova, 55. Una obra de Josep Puig i Cadafalch construida entre 1911 y 1914 por encargo de un sultán marroquí exiliado en Barcelona que se hizo muy popular por haber regalado una elefanta, Júlia, al zoo de Barcelona.
El edificio, de cierto aroma oriental, es uno de los pocos chalés de la Bonanova que no sucumbió a la piqueta de la especulación urbana. Actualmente acoge la sede del Consulado de México y está totalmente restaurado.
-Casa Sastre y Marqués: Un inmueble de 1905 en el que el arquitecto combinó el ladrillo visto con los esgrafiados y los azulejos de cerámica vidriada. Dirección: Eduardo Conde,44.
-Casa Alemany: Obra construcción de Josep Puig i Cadafalch de 1928 edificada con elementos de inspiración arabizante. Dirección: Avda. Republica Argentina, 6.
-Casa Bellesguard: El proyecto, que Gaudí realizó para Maria Sagués, es de 1900, y la construcción se finalizó en 1902. Estos dos años se consideran la línea divisoria, el paso del ecuador entre su obra de juventud y su obra de madurez.
El arquitecto supo integrar plenamente el edificio en su entorno natural y paisajístico y respetar al mismo tiempo el legado histórico de la finca.
Las ruinas medievales de Bellesguard, la residencia de verano del rey Martín I, último monarca de la dinastía de los Barcelona, sirvieron como punto de partida para definir la obra y, a la vez, dignificar los restos históricos.
Gaudí construyó el edificio como un pequeño castillo medieval de estilo gótico: la fachada está revestida con pizarra de tonalidades grises y verdes, decorada con una especie de almohadillado de piezas cuadradas, y salpicada por un gran número de ventanas y ventanales con arcos lobulados.
En sus inmediaciones se pueden contemplar los arcos del viaducto que Gaudí construyó entre 1903 y 1905 para consolidar la calle que conducía al cementerio de Sant Gervasi y que rodea el Chalé Bellesguard. Los diez arcos, poco conocidos, son contemporáneos y muy similares a los que el arquitecto diseñó para el Park Güell. Dirección: Bellesguard, 20.
-Casa Rialp: De Joan Rubió i Bellvé, de 1908, con un interesante trabajo en ladrillo visto y muros de mampostería. En el interior, que no puede visitarse, se encuentran obras del pintor uruguayo afincado en Barcelona Joaquim Torres García. Dirección: Dominics, 14.
-La Rotonda: Un interesante edificio construido por Adolf Ruiz i Casamitjana en 1906 para albergar el hotel Metropolitan. Dirección: Avenida del Tibidabo, 2.
-Tramvia Blau: El Tramvia Blau constituye la más hermosa y relajada forma de acceder a la montaña del Tibidabo, ya que pasa por delante de majestuosas residencias y jardines antes de llegar a la estación del Funicular.
Las seis unidades que lo integran efectúan un recorrido de 1.276 metros en los que superan un desnivel de 93 metros a una velocidad media de 10 km/h. La línea, inaugurada el 29 de octubre de 1901, materializó la vieja ambición del doctor Salvador Andreu de abrir una vía alternativa de acceso a la montaña del Tibidabo para poder construir un parque de atracciones en la cima. En sus orígenes, la flota estaba compuesta por cuatro coches que realizaban el trayecto entre el paseo de Sant Gervasi, final del trayecto de los tranvías de Barcelona, y la estación inferior del Funicular del Tibidabo, situada a medio camino de la montaña.
En 1981, y después de un largo período de restauración, se recuperó el tranvía número 2 de 1901, que había estado fuera de funcionamiento durante treinta años, así como el popular modelo "jardinera", que años atrás había circulado por la playa. La renovación de las vías, en 1984, y la construcción de la Ronda de Dalt, en 1990, afectaron al trayecto natural de la línea. Aprovechando esta última circunstancia se construyó una nueva estación transformadora y se realizaron tareas de acondicionamiento en las vías y en las cocheras. Dirección: Avenida del Tibidabo, 2.
-Casa Ignacio Portabella: Del maestro de obras José Pérez Terraza (1905), una vivienda de dos plantas con una torre-mirador circular que destaca en su fachada. Dirección: Avenida del Tibidabo, 27.
-Casa Roviralta: Antigua residencia de la familia Roviralta, popularmente conocida como el "frare blanc" (fraile blanco), hoy reconvertida en un restaurante que luce orgulloso las paredes de blanco austero y el tejado de enormes voladizos. Dirección: Avenida del Tibidabo, 31.
-CosmoCaixa: Edificio modernista de Josep Domènech i Estapà construido entre 1904 y 1909 como asilo para ciegos. En la actualidad, alberga el Museo de la Ciencia. Dirección: Teodor Roviralta, 47-51. Horario: De martes a domingo, de 10 a 20 horas. Entrada: 3€.
-Convento de Valldonzella: Obra de Bernardí Martorell i Puig, construido a partir de 1910 dentro de un goticismo con influencias gaudinianas. Dirección: Císter, 39-45.
-Casa Muntadas: Edificación de Josep Puig i Cadafalch (1901) que recrea la fachada de una típica masía catalana, decorada con unos sencillos estucados florales que enmarcan las puertas y las ventanas y siguen el contorno del coronamiento. Dirección: Avenida del Tibidabo, 48.
-Casa Casacuberta: Obra de Joan Rubió i Bellvé (1907), en la que destacan la riqueza y variedad de puertas y ventanas características de la obra de este arquitecto. Dirección: Avenida del Tibidabo, 56.
-Casa Evarist Arnús: El chalé de la familia de los banqueros Arnús (también conocido con el nombre de "El Pinar") fue construido por Enric Sagnier i Villavecchia en 1903. Un poco más arriba se encuentra la casa de los porteros de la finca, también de estilo neogótico. Este conjunto es una de las típicas imágenes nocturnas de la zona. Dirección: Manuel Arnús, 1-31.
-Tibidabo: El parque de atracciones, fundado en 1899 por Salvador Andreu, es el tercer parque más antiguo del mundo. Dirección: Plaza del Tibidabo, 3-4.
-Observatorio Fabra: El Observatorio Fabra pertenece a la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona, cuya dirección científica se encarga de su funcionamiento y mantenimiento.
Fue inaugurado el 7 de abril de 1904 y es obra del arquitecto barcelonés Josep Domènech i Estapà.
El origen del Observatorio Fabra se remonta al año 1900, cuando Camil Fabra, industrial, mecenas y primer marqués de Alella, aportó una gran cantidad de dinero con el objetivo de contribuir a la realización del proyecto para construir un observatorio astronómico, meteorológico y sísmico en el Tibidabo.
El edificio, formado por la yuxtaposición de tres cuerpos bien diferenciados (uno de planta octogonal, otro de planta rectangular y otro más de planta en forma de cruz), es el resultado del eclecticismo característico de Domènech i Estapà y de las especiales funciones a las que estaba destinado.
Así, el cuerpo rectangular, acabado con un crucero transitable, está dividido en dos por una abertura vertical, necesaria para el funcionamiento de los aparatos de observación, y el cuerpo octogonal está coronado por la cúpula, metálica y giratoria, del telescopio.
Por otro lado, el edificio está decorado por un atrio de acceso que es de inspiración clásica, pero con dos columnas neoegípcias y un frontispicio de formas atípicas. En el frontispicio se puede observar un bajorrelieve que representa la figura de una mujer medio vestida con un astrolabio en la mano izquierda.
La figura está rodeada por representaciones de planetas y astros, entre los que se reconocen el Sol y Saturno: se trata de una alegoría de la astronomía. Dirección: Carretera del Observatori Fabra, s/n. Horario: Visitas nocturnas: consultar el calendario mensual variable dependiendo de la astronomía.
Visistas diurnas: Domingos y festivos a las 11h, 12h y 13h. No es necesaria reserva previa. Información visitas nocturnas: Tel. 902 222 191. Visitas diurnas: Tel. 93 417 57 36.
-Casa Vidal: Un edificio de color verde pálido construido en 1906 por el arquitecto Joan Torras i Guardiola. En este edificio destacan las balconadas con barandillas de hierro forjado, que, con su sinuosidad, realzan la esquina y confieren personalidad a la fachada. Dirección: Pons i Gallarza, 1-3; Gran de Sant Andreu, 255.
-Can Guardiola: Construida por Josep Codina i Clapés entre 1903 y 1904. Lo más destacable del edificio es su decoración, con interesantes referencias al barroco catalán en el coronamiento de la fachada principal o al "plateresco" barcelonés en el enmarcamiento de los balcones. Dirección: Paseo de Fabra i Puig, 13; Cuba, 2-4.
-Mosaico de la Iglesia de Sant Pacià: Gaudí diseñó el pavimento de la iglesia de Sant Pacià, un magnífico mosaico romano con cenefas de formas geométricas. Probablemente fue realizado por un mosaista italiano llamado Luigi Pallars.
El mosaico comprende todo el suelo de la iglesia: en la parte central, figura un rectángulo con motivos geométricos y florales, los extremos se encuentra el Alfa y Omega del Apocalipsis y, abajo, alternadas, las letras J y M, representando los nombres de Jesús y de María.
Sólo dos años después de conseguir el título de arquitecto, Gaudí trabajaba en un estilo neogotitzant que nada tiene que ver con el Modernismo ni con sus proyectos posteriores.
Además del pavimento, Antoni Gaudí diseñó también todo el conjunto de la decoración interior de la iglesia: el altar neogótico, las luces, la sillería del coro y el mobiliario del colegio. Las monjas de Jesús María, sin embargo, se llevaron todos estos elementos, excepto el altar, cuando se trasladó a Sant Gervasi. Dirección: C/ Monges, 27. Horario de visitas: de 17 h a 20 horas.

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